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Las decisiones de Don José

El caché en el mundo del fútbol se consigue en base a los títulos. El palmarés de un técnico es el mejor aval para sentarse en los banquillos más potentes del mundo y para marcar tendencia con un estilo que logre los elogios de tus propios jugadores. Posiblemente, el entrenador más valorado de momento haya logrado hasta la fecha levantar 1 Champions, 1 Copa UEFA, 2 Premier, 1 FA Cup o 1 Supercoppa italiana, pero no es suficiente para controlar el vestuario de un Inter con demasiados excesos. Y es que José Mourinho, hasta ahora rodeado de profesionales que acompañaban sus metas de la mano, se ha topado con un vestuario que le ha obligado a tomar decisiones complicadas que, al menos por ahora, no demuestran la inteligencia para quien alardea de superioridad.

Cuando ‘Mou’ llegó este verano a Meazza, se encontró un equipo hecho a imagen y semejanza de su antecesor, un Roberto Mancini que había ganado dos Scudettos pero que era multi-criticado por su indolente estilo de juego. El portugués llegaba para revolucionar a un ‘gigante dormido’ en Europa y apuntalar un estilo que, siendo bueno, reclamaba retoques para resultar imparable. En ese camino, como todo técnico de crédito inagotable, solicitó refuerzos a su medida (Mancini, Quaresma, Muntari…) tomó decisiones con algunos jugadores casi defenestrados (Suazo se marchó y otros como Jiménez, Dacourt o Figo están en la sombra) y hasta decidió mantener a aquellos que se habían ganado su sitio (Balotelli, Crespo, Cruz). Sin embargo, medio año después y siempre desde la firmeza del liderato, su juego sigue siendo deplorable y los cracks se le han sublevado.

Lo más decepcionante ha sido comprobar que aquella ley de orden y mano dura que hizo apología en el Chelsea, se ha vuelto caricaturesca como neroazzurri. El ejemplo más claro donde el luso ha actuado de manera errónea lo puede explicar a las mil maravillas Adriano o, mejor dicho, Balotelli. El brasileño ha sacado el lado altruista de su técnico, perdonándole varias salidas de tono como borracheras y desconsideraciones a sus compañeros, premiándole además con la titularidad en partidos clave. Mientras, Balotelli era restituido de sus galones, frenado en seco por su falta de minutos y hasta destituido al equipo primavera. El joven siciliano ha amenazado con marcharse ante la falta de coherencia de su técnico, empecinado en sacar lo mejor de un ‘emperador’ con muchas ganas de fiesta. Por rendimiento deportivo, futuro, profesionalidad y hasta sentido común, resulta imposible mantener el crédito sobre alguien que no desea poseerlo.

Súper-Mario no es el único que ha visto como una decisión tan irresponsable se topaba ante sus ojos. El ‘jardinerito’ Cruz, más acostumbrado a estas medidas leoninas y fuera de cualquier lógica deportiva, ha mantenido la serenidad que le otorga su experiencia pese a haber sido el centro de las críticas de su propio ‘enterrador’. También Crespo, algo más tocado por el irreparable lastre de las canas, mantenía el tipo mientras era ‘cortejado’ por media Europa. Otros como Suazo, ahora en el Benfica, fueron mejores previsores y decidieron buscarse su éxito lejos del gobierno de facto en el que se ha convertido la casa de los Moratti.

Pero el desprecio hacia sus delanteros no ha sido el único fallo grosso que ha reflejado Mourinho en su corta estancia como interista. En la búsqueda de soluciones al estilo directo, ramplón y muy físico de Mancini, el luso propuso mayor presión, extremos bien abiertos a las bandas y laterales de gran recorrido. Por desgracia, el experimento selló su carpetazo en las primeras jornadas y, desde entonces, el Inter sigue tan falto de identidad como antaño. Quaresma ha sido el ‘bluff’ del año en Italia, Mancini busca una salida desesperada para volver a brillar como en el Olímpico, Materazzi ha perdido definitivamente su puesto como titular y jugadores como Figo, Jiménez, Dacourt, Toldo o el propio Crespo, sólo se dejan ver como interistas a fin de mes. Toda plantilla que aspira a grandes metas tiene problemas con los reservas pero el Inter no puede tacharlos como tal porque la mayoría de ellos acaban de llegar al club o han sido renovados hace meses.

El único gran valor que se puede atribuir a Mourinho es el de haber dotado a Ibrahimovic de esa confianza y trabajo constante que lo colocan como un punta insustituible en el panorama actual. El sueco está logrando sus mejores registros, es clave en el juego de su equipo y brilla como de él se esperaba hace años. Sin embargo, si para que el escandinavo dé el ‘do de pecho’ hay que eliminar del mapa a la mayor promesa europea, completar el banquillo con cracks en decadencia y apoyar a aquellos que encuentran en las excentricidades su bienestar particular, quizás Don José debería replantearse sus principios. Siempre que éstos no le hayan abandonado ya.

Análisis Champions: Triple cruce Inglaterra-Italia

Inter-Manchester United

Quizás la eliminatoria más igualada que nos ha dejado el sorteo. Mourinho volverá a las Islas para enfrentarse al rival que más problemas le causó en su etapa como Blue y, además, obligadísimo pues desde su llegada sabe que volver a ser grande en Europa es la principal meta de su entidad. El ritmo de victorias en el Calcio puede facilitar las rotaciones y la liberación de minutos para jugadores clave que necesitarán dar su mejor versión. Si Ibrahimovic mantiene el tipo y, por primera vez el carácter interista no se achanta en grandes escenarios (principal crítica para Mancini en sus años de técnico neroazzurri), el campeón italiano tiene opciones.

Sin embargo, enfrente estará el campeón de Europa y dominador inglés. El equipo de Ferguson mantiene el bloque que tantas virtudes atesoró para hacer historia el pasado año pero el nivel del actual aún no recuerda al de entonces. La velocidad de su ataque, el hecho de que la vuelta se dispute en Old Trafford y la fe ciega de un conjunto sobradamente experimentado, le dan un ‘plus’ en una eliminatoria espectacular con dos estilos de juego muy definidos y diferentes.

Chelsea-Juventus

Todo lo contrario sucede en el duelo entre Blues y piamonteses. Ambos son equipos firmes en defensa, creados en base a una buena estructuración defensiva y con mucho trabajo para sus hombres de mediocampo. Presionan, son experimentados, luchadores y con mucha ambición, aunque esas cualidades les hacen ser previsibles y directos. La obligación de Scolari será un hándicap pues el brasileño, que ya está siendo criticado, se jugará posiblemente su puesto en el cruce.

Ranieri, que planea minuciosamente estos partidos, es un valor seguro para sacar provecho de sus eternas glorias e intentar volver a lo más alto en tiempo record y con el equipo en plena reestructuración generacional.

Arsenal-Roma

Los Gunners habrán recuperado por entonces a varios de sus mejores jugadores, tales como Eduardo y Rosicky, lo que debe darles mayor consistencia y experiencia en partidos de primer nivel, quizás su punto más débil. Los de Wenger, con Cesc a la cabeza, no tienen la misma presión pero con la mala campaña en la Premier, sólo Europa puede otorgarles alegrías.

La vuelta se jugará en el Olímpico, sede de la finalísima y principal motivo de favoritismo para la Roma, que estará hiper-motivada. Los de Spalletti están ahora mismo en plena mejoría tras un fatal inicio y tendrán la oportunidad de coronarse ante su público, algo que no querrán dejar escapar. Con Totti en forma y los llegadores enchufados, veo ligero favoritismo capitalino.

Sporting-Bayern

El Allianz es, desde mi punto de vista, el epicentro que protagonizará la clave de la eliminatoria entre bávaros y leones. Los de Paulo Bento ya han hecho historia al meterse por vez primera en octavos de Champions, con lo que su presión es mínima. Sólo un buen partido de Ida con Liedson, Moutinho y Veloso en forma, podría impedir que el cuadro de Klinsmann arrollara después en su estadio. Los muniqueses tienen un buen rival para seguir avanzando a la sombra de los gigantes y plantarse con todas las opciones en cuartos.

Tres cocos para el segundo bombo


Además del final de la racha triunfal del Barcelona, la definición de los cuatro primeros grupos de la Champions nos deja el sorprendente segundo puesto de Inter de Milán y Chelsea, así como el del Atlético.

El del conjunto colchonero no es tan inesperado. Cualquier aficionado hubiera firmado antes del inicio un segundo puesto logrado con tanta claridad y peleándole el primero al Liverpool. Los de Aguirre empataron en un encuentro muy soso ante el Marsella (0-0). Lo más importante fue la ausencia de cualquier altercado.


Primero queda, por tanto, un Liverpool que salió con sus menos habituales, lo que fue suficiente para batir a un PSV sumido en una importante crisis -quinto en la Eredivisie y fuera de Europa- (1-3).


El Barcelona, mientras tanto, se presentaba en el Camp Nou con un equipo más típico del Mini Estadi -normal teniendo en cuenta la situación- para medirse ante un Shakhtar Donetsk que mostró buenas maneras. Los ucranianos serán un rival duro en la UEFA.


A pesar del equipo de suplentes y jóvenes que planteó Guardiola, el equipo culé no perdió su esencia y mostró idénticos mecanismos de juego que los titulares (2-3). En un duelo sin importancia, el Sporting de Lisboa se deshizo de un Basilea que ha pasado desapercibido en esta edición (0-1).


En los otros dos grupos llegaron las mayores sorpresas al quedar Chelsea e Inter de Milán en segundo puesto. Mala noticia para el Barcelona, que se puede reencontrar, bien con el Chelsea, bien con Mourinho y su Inter.


Los londinenses dependían de un mal resultado de la Roma que no se produjo. El equipo de Scolari lo pasó realmente mal ante un Cluj que, a pesar de dar la cara en su estreno en la máxima competición continental, no se jugaba nada. El tanto de Drogba, que volvió a golear, le dio la victoria al Chelsea tras el empate de los rumanos. Kalou había adelantado a los suyos (2-1).


Los italianos no desaprovecharon la oportunidad y confirman su recuperación -cuatro victorias seguidas en la Serie A- tras un desastroso inicio de campaña. De la mano de Brighi y Totti, los italianos se cuelan primeros al superar a un Girondins que va a la UEFA (2-0).


Pero la mayor sorpresa de todas se dio en el grupo C, donde el Inter cedió el liderato en Alemania ante un Werder Bremen que había desarrollado una fase de grupos pésima. Sin embargo, los de Schaaf van a la UEFA dejando sin premio una excelente participación de la cenicienta Anorthosis. Mourinho parece que quiere seguir los pasos de Mancini. El paso firme que lleva en la Serie A contrasta con su irregular desempeño en la Champions (2-1).


El pinchazo nerazzurro no fue desaprovechado por el Panathinaikos, que se cuela entre los grandes de Europa al superar a un Anorthosis que se empequeñeció por primera vez en toda la fase grupos. Karagounis fue el héroe (1-0).

Héroe en el exilio

Roscoe Conkling Arbuckle abandonó su Kansas natal durante los años 30 para convertirse, bajo el apodo de Fatty, en una de las estrellas más famosas del cine mudo estadounidense, llegando a ser comparado en la época con el mismísimo Charles Chaplin.

Golpeado hasta el hartazgo durante su infancia por su etílico padre, y soportando las burlas por ser un niño prodigio en el sobrepeso, Fatty decidió escapar de sus raices en busca del sueño de un futuro mejor que acabó encontrando en el mundo del cine.

Josu Sarriegi Zumarraga ha seguido un camino similar a la de Roscoe. Tras una exitosa trayectoria en las catacumbas del fútbol vasco llegó al Athletic de Bilbao donde se convirtió en un fijo para Valverde, jugando absolutamente todos los partidos de la Liga, menos dos que se perdió por sanción.

"Sarri" era feliz en San Mamés, pero su realidad cambió con la llegada de Joaquín Caparrós en el verano. Consciente de que el técnico andaluz no contaría con él, el defensa fue valiente y decidió emigrar -como Fatty- en busca de un futuro mejor. Su destino fue Grecia, donde le esperaba el Panathinaikos, terreno poco explorado por los españoles por aquella fecha.

"No fue un paso muy meditado, pero acerté. Recomiendo esta experiencia", presume ahora orgulloso de haber decidido cambiar "por completo" su vida. En tierras helenas, Sarriegi se ha acostumbrado a vivir lejos de los focos de otros emigrantes españoles como Cesc Fabregas o Fernando Torres, pero el pasado miércoles se convirtió en protagonista.

Su Panathinaikos visitaba al musculoso Inter de Milán de José Mourinho. Bajo una piel de cordero -o un caballo de Troya aprovechando su procedencia griega- los atenienses saltaron a San Siro con la intención de hacer un buen papel y rascar algún punto que les permitiera continuar con vida en la Champions League.

En lugar de un punto acabaron sumando tres y gracias a
un gol de Sarriegi. El defensa se dejó caer por el área de Julio César en una acción a balón parado para aprovechar un rechace y anotar un histórico gol para el Panathinaikos, que roza los octavos de final, en una competición que él ni siquiera soñó con jugar algún día.

"Yo no soy un jugador de gran nivel y nunca había pensado que iba a jugar la Champions", argumentaba al inicio de temporada. Pues este jugador de poco nivel ha sido capaz de derrumbar a un coloso como el Inter de Milán protagonizando uno de esos cuentos que nos regala de vez en cuando el mundo del fútbol.


Mourinho y el viejo debate

Por Guillermo García Uzquiano (Colaborador El Enganche)

Si por algo se caracteriza José Mourinho es por la seguridad que transmite. Tanto personal como profesional. En el Oporto primero y en el Chelsea después, todo el mundo sabía a qué jugaban sus equipos. Podían gustar más o menos pero el sello de su entrenador era evidente.

Quizás por eso sorprenden aún más las dudas que están exhibiendo -o al menos eso se percibe por sus alineaciones- en este arranque de temporada con el Inter. El equipo no anda bien. Sólo en el choque ante la Roma exhibió su poderío. La mayoría de los partidos que ha ganado ha sido por la mínima y alguno (Catania) incluso con polémica arbitral. Los tropiezos ante Milan, Werder Bremen y, más recientemente, Genoa y Fiorentina han generado dudas.

Tácticamente, Mourinho se ha encontrado con un problema en Milán. Su sistema de juego predilecto es el 4-3-3 con extremos muy abiertos (recordemos que sus fichajes estrella este año han sido Mancini y Quaresma). Como también le gusta protegerse con tres centrocampistas de corte defensivo, eso sólo deja hueco a un delantero. En el Chelsea contaba con un todoterreno como Drogba. En el Inter tiene a Ibrahimovic, que es genial pero que, a diferencia del marfileño, se encuentra más cómodo con un compañero al lado, o mejor incluso, con alguien por delante.

Y no son precisamente alternativas lo que faltan. Adriano, Cruz, Balotelli, Crespo… quizás ningún entrenador en el mundo puede presumir de tal colección de delanteros en su plantilla.

Se trata de un debate viejo. Recuerdo que antes del Mundial 2002 en la selección española se debatía de quién se debía prescindir entre Valerón, Raúl o Diego Tristán, toda vez que los dos pivotes y los dos extremos eran incuestionables.

En su búsqueda de soluciones, Mourinho ha dado bastante espacio a Adriano actuando en lugar de uno de los extremos, contra el Bremen jugó con tres delanteros natos, ante el Bolonia prescindió de uno de los mediocentros… Pero el Inter no acaba de jugar bien y los resultados tampoco son los esperados. Para terminar de agravar la situación, el ‘sargento Mou’ -como le empiezan a llamar en Italia por su carácter agrio y su nuevo corte de pelo- ha dejado públicamente en evidencia a Adriano, Cruz y Balotelli.

¿Cuál es la solución para vosotros?, ¿Cómo creéis que debe jugar el Inter? ¿Con tres pivotes? ¿Con Ibrahimovic cómo único delantero y dos extremos? ¿Con sólo uno de ellos y dos jugadores arriba?

Emperador Vs Súper Mario

El jefe del ejército, ese líder de grandes imperios capaz de sembrar pánico y devoción a partes iguales o el joven de talento sobrenatural con habilidades innatas víctima de la eterna falta de confianza respecto a su opositor por parte de quien les acaudilla. Uno de los dos, tan diferentes pero con la misma finalidad, la de ganarse el respeto de su pueblo y conquistar territorios para dejar su huella perecedera en la historia, logrará su objetivo derrotando regularmente a su rival aunque el juez, en este caso, responda al nombre de José Mourinho.

El técnico luso del Inter se ha creado casi por decisión personal un problema en su delantera la que es, según muchos especialistas (entre los que me incluyo), la mejor del mundo. Con Zlatan Ibrahimovic y sus maravillas más que consolidadas en el once titular cada partido, encontrar pareja al sueco se ha convertido en un reto con muchos matices pues hay diversas opciones, cada una buena en su estilo pero que pueden alterar el renacer de una vieja estrella o el estancamiento de la joven promesa. La hostilidad entre dos gigantes: el ‘Emperador’ Adriano y ‘Súper-Mario’ Balotelli.

Para comprender y poder uniformar las opciones de ambos delanteros en estos momentos, hay que retroceder a la pasada temporada. Adriano, que había sido la estrella interista los últimos años después de haber ido ganando protagonismo con su gran rendimiento y a base de una potencia descomunal que lo hacía imparable cuando estaba en plena forma, entró en una fase descendente con muchas explicaciones posibles pero sin ningún sentido común. El fallecimiento de su padre, la ruptura con su pareja de toda la vida o varias lesiones consecutivas en el tiempo, debilitaron el carácter que lo había llevado a lo más alto y, como ocurre por desgracia con muchos cracks brasileños (mejor no recordar), se escudó en los placeres de la vida nocturna, la misma que es capaz de liquidar en tiempo record todos los honores acumulados.

Así, Mancini lo convirtió en un abonado al banquillo, el punta perdió su alma goleadora con rachas interminables para un jugador de su reputación y, tras ser el principal problema del Inter durante meses donde sus salidas de tono enfurecieron incluso a su mayor fan, Massimo Moratti, los neroazzurri decidieron enviarle de vuelta a Brasil para que buscara la normalidad y se recuperara de sus problemas de alcohol en familia. Ese entorno que a funcionado con muchos otros jugadores (Oliveira pasó algo parecido), terminó dando frutos a medias porque aunque Adriano siguió protagonizando escándalos, sus goles resurgieron su figura en un Sao Paulo al que debe buena parte de su regreso a Milan. Al estar sólo cedido varios meses, este verano regresó al Giuseppe Meazza pidiendo una segunda oportunidad y prometiendo un cambio.

Por su parte, Mario Balotelli cumplió una campaña que exalta los cánones del perfecto refuerzo para un equipo ganador. Por un lado, llegó por sorpresa desde la cantera neroazzurri (tan olvidada) pero arrasando, eclipsando el gran momento que pasaba la otra ‘perla’ del Calcio (Pato) y, por tanto, ganándose la admiración de todo hincha interista. El siciliano de orígen ghanés completó las buenas expectativas generadas en el filial y en sus primeras participaciones con el primer equipo cuando acudió a Turín en Coppa Italia. Dos golazos con sólo 17 añitos donde mostraba a las claras sus habilidades y potencial, le situaron en el más alto de los pilares, aquél donde había estado meses antes el desterrado ‘emperador’.

Toda la naturalidad que mostró Roberto Mancini en ambos casos, siendo franco al eludir problemas con un Adriano fuera de sí y dando entrada a su joven relevo, le está faltando actualmente a Mourinho. Sólo hay tres posibilidades: Intentar el renacer de un Adriano más enchufado que parece centrado de nuevo, aprovechar la aparición estelar de un Balotelli que tiene un nivel altísimo y asegura futuro o dejar a ambos fuera porque goleadores por naturaleza como Crespo o, sobre todo Cruz, terminen imponiéndose como tantas y tantas veces ocurrió.

Por ahora, aunque le ha costado algunas jornadas de reflexión y análisis, parece empeñado en recuperar para la causa a Adriano. Una opción válida pero arriesgada, rentable si lo consigue pero que puede producir un descalabro enorme en la figura del mejor exponente del futuro interista e italiano. El ‘Nene’ siciliano guarda con respecto a su competidor gran parte de cualidades puesto que en potencia, fuerza y disparo son un clon. La experiencia y el nombre de Adriano son sus peores compañeros pero la juventud y la velocidad que eso le da son metas a las que difícilmente llegará el canarinho.

Balotelli sabe que está para jugar en un grande e incluso conoce que Lippi está a un paso de llamarle, por lo que no aceptará mucho tiempo ser el actor secundario en un guión en el que el tenía galones de oro. Además, con semejante cartel, una cesión se antoja complicada para ambas partes. ¿Cuántas veces se le han escapado grandes cracks al Inter?

De lecciones y castigos

Eran los últimos coletazos de la temporada, el colofón final a una campaña que abría la posibilidad de ‘doblete’ para unos y venganza para otros. En Italia, la Roma deseaba repetir título copero para evitar una gran campaña del que, al menos en lo deportivo, es su gran rival en los últimos años, un Inter aún con resaca de Scudetto peor con ganas de marchitar la flor de los de Spalletti. En Francia, el Lyon buscaba su primer ‘doblete’ de la historia a cambio de entorpecer aún más el caminar dubitativo de un PSG salvado del descenso ‘in extremis’ pero especialista en torneo del ‘k.o’ como demuestra el echo de haber ganado ya la Copa de la Liga hace unas semanas.

El Olímpico romano, sede de la final a partido único que ha implantado (con enorme acierto) la federación italiana, mostraba un ambientazo de gala como en sus grandes ocasiones. Las ausencias de Totti y de hombres carismáticos como Materazzi o Cruz, restaban pasión a la cita que, sin embargo, reflejó en sólo 90 minutos la actualidad de dos equipos ganadores con dos estilos tan diferenciados como válidos.

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Lo Scudetto è molto vivo

No fue la tarde que toda Italia esperaba. Sobre el fondo lógico que la marcha de la Serie A venía marcando, el Inter se iba a proclamar campeón. Así estaba preparado durante toda la semana desde la prensa y desde el sentimiento de los tifosi neroazzurri, que salieron de casa con bufandas, bien engalonados con los colores de su equipo y conscientes de que el tercer Scudetto consecutivo (uno de ellos en los tribunales) había sido encargado en las treinta y seis jornadas anteriores.

El Giuseppe Meazza presentaba ambiente de título, saturado de alegría, de alirón y con más ganas que nunca de celebrar un título digno a todos ojos (muchos interistas ven en este campeonato el primero ganado con total legalidad porque está la Juventus) pero aquellos que salieron ataviados regresaron a sus casas de vacío, con la sensación de haber dejado perder una tarde gloriosa y con más dudas que nunca sobre su equipo (alguno incluso insultando a sus jugadores). Y todo se explicaba con lo sucedido en menos de dos horas.

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El Scudetto toma vida

Han sido 29 jornadas de aplastante dominio neroazzurri. Solvencia, resultadismo y juego físico, proporcionaron desde el arranque del campeonato, una diferencia cómoda y manejable para el Inter. Con una plantilla muy extensa (que no con muchas alternativas de juego), Mancini logró alternar jugadores y minutos con el respaldo inconfundible que le daba la clasificación, pero desde que cayó derrotado en Anfield (en una cita llena de despropósitos interistas), la moral del equipo se ha desquebrajado al son del crédito de su técnico. Tres empates (Sampdoria, Roma y Génova) junto a dos derrotas (Nápoles y Juventus) en sus últimos siete encuentros ligueros, han dado un giro al Scudetto, que se anima en un tramo final de infarto.

Más allá del bajón de un Inter siempre a la expectativa y decepcionante en cuanto a actitud, el principal culpable de que este renacer de la Serie A ha sido la Juventus. Los de Claudio Ranieri han demostrado ese carácter inconfundible que se les atribuye con el simple hecho de vestirse de bianconeri. Presión en toda la cancha, desgaste físico fuera de lo común, ambición, carácter ganador y eficacia, la misma que viene demostrando año a año y que sólo se vio interrumpida por un ‘Moggigatte’ de infausto recuerdo.

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El crédito que nunca tuvo Mancini

Una remontada épica, una noche de ensueño, el mejor recuerdo de la última Copa de Europa contra el mismo Liverpool allá por 1965 y el actual Centenario que tan brillantemente se vivió el pasado sábado en un abarrotado Giuseppe Meazza, eran las pautas a seguir, las que servían para creer, para contener la respiración y para empujar hasta el final para ver al Inter en cuartos. Era un guión complicado y no sólo por la excelente labor táctica que ya se le preveía a los reds, sino por la incapacidad total que ha demostrado un equipo que, como su técnico, se disolvió por minutos.

Es difícil tener argumentos tan finos y evidentes para poner en duda la capacidad de un auténtico líder en una competición tan dura como la Serie A, pero igualmente complicado resulta pensar que el límite de un equipo que tiene una plantilla con infinidad de posibilidades, rotaciones y planteamientos, no dé más de sí en el momento clave. Más aún que eso se repita hasta la saciedad año tras año, desde luego.

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Los dos extremos del ‘racaneo’ neroazzurri

29 partidos sin perder eran el excelente e imponente bagaje que presentaba el Inter de Milan antes de llegar a Anfield. Hasta ahora, el indiscutible líder del Calcio sólo se había permitido el lujo de ceder ante el Fenerbahce en Estambul allá por el mes de septiembre. Cifras mareantes, sobriedad en todas sus victorias y la idea de que el Scudetto 2008 será suyo.

Sin embargo, ese mismo equipo que arrolla entre sus paredes, tiene una losa demasiado grande que asumir, la de no sentirse completo en Europa. En el escenario donde las gestas adquieren el lujo que las hace únicas sólo tienen recuerdos nefastos en la parte neroazzurri de una ciudad que, últimamente, sólo se reconoce a este nivel por el bando rival. Y es que desde aquél ‘doblete’ de 1964 y 1965, con la generación de los Mazzola, Luis Suárez, Facchetti o Peiró, el equipo sufre una larga agonía que no parece ser capaz de mitigar.

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El nuevo 'emperador'

Casillas, Puyol, Totti, Gerrard, Terry, Scholes o el eterno Maldini, son algunos ejemplos de aquellos jugadores que llevan escrito la palabra lealtad allá por donde van. Son especiales para la afición, ganadores por naturaleza y con mentalidad a prueba de balas. Criados con esmero en la cantera, mamaron la esencia de la entidad desde sus primeras raíces y tienen la capacidad de levantar a los suyos cuando las cosas se ponen feas. Son quienes quedan para la foto, aquellos que levantarán los títulos y los primeros que salen a la palestra para dar la cara.

Sin embargo, en todo equipo comprador existen serios problemas para que un valor de la cantera llegue algún día a cumplir ese rango en el vestuario. En los grandes de Europa, son cada vez menos los ejemplos pero, en el Inter, hace tiempo (quizás desde el adiós del eterno Bergomi), esa plaza parece maldita y, actualmente, sólo ocupada ‘sobre el papel’ por un interista de los pies a la cabeza, pero argentino, Javier Zanetti. Ahora, ese modelo puede cambiar con una gran generación de jugadores que llegan al primer equipo neroazzurri con fuerza, destacando sobre manera, Balotelli, el nuevo ‘emperador’.

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“Me lo pido” (por enésima vez)

El mercado de fichajes sería para Sófocles todo un exponente de su tragedia. En ese eterno debate de la contratación, de los negocios, de primas, de cláusulas y, por supuesto, de jugadores hambrientos por encontrar un nuevo ‘cobijo’, hay clubes expertos. El gran escritor griego vería sin dudarlo un desastre en este mercado invernal que tantas veces augura euros malgastados y seguro que apuntaría hacia el Inter como su Edipo particular.

Sin intención de querer entrar en el debate de quién fue el equipo que más dinero tiró por la borda en los últimos 15 años, a buen seguro que los neroazzurri lo lideran. Y es que sobre todo desde 1999 hasta 2006 (época sin títulos) , el equipo neroazzurri buscó cualquier síntoma de reactivación a una crisis de títulos que sólo ha regresado estos últimos meses. Por el Giuseppe Meazza pasaron jugadores de dudosa calidad, jóvenes que nunca dejaron lo que de ellos se esperaba e incluso grandes nombres que jamás rindieron a la medida de sus bolsillos.

Apostar y ganar

La tarde-noche que nos ha deparado la Serie A ha sido, como se podría esperar, enorme en cuanto a titulares pero tremendamente justiciera con quien más lo mereció. El Inter ha arrollado a una Roma fundida físicamente tras jugar setenta minutos en inferioridad y la Fiorentina ha dado un repaso a su vecino toscano en el derby ante el Livorno.

El centro de atención estaba en Roma, donde el equipo que mejor juega en Italia recibía al líder, tan sobrio y seguro como siempre, pero por una vez con la vitola de no ser favorito. Los de Spalletti arrancaron con todo pero una contra perfecta de Maxwell les condenó porque todo terminó en gol de Ibrahimovic y expulsión de Giuly. Una soga al cuello para los gialorrosi.

Pero fue ya en la segunda mitad cuando me llamó la atención imperiosamente y, además, de manera agradable, ver como Mancini sacaba a Cruz y Crespo en un doble cambio por Zlatan y Dacourt. Por vez primera el interista daba un paso adelante en su planteamiento y rompía los moldes tácticos que siempre ha llevado por bandera. Curiosamente la Roma empató al instante y todos parecían echar la culpa de ello al intento ofensivo del neroazzurro.

Lo bueno, (no es que me alegre pero aplaudo su decisión), es que el tiempo le dio la razón y con la Roma destrozada físicamente y fuera de lugar, sus cambios le terminaron por solucionar la cita pues entre ‘Jardineritos’ y ‘Valdanitos’, el Inter salió líder del Olímpico en la asignatura más difícil que tenía que superar. Y pensar que este equipo viene de ser ridiculizado ante el Fenerbahce…

Para cerrar, la apuesta ofensiva del Calcio este sábado no se truncó allí, porque si hay un técnico que prima por encima de todo el cubrir su once de atacantes (por más que suela echarse atrás en los últimos minutos), ése es Prandelli. El técnico viola tuvo valor para cambiar en hasta siete caras su once respecto al de la última jornada y hacerlo, además, en todo un derbi toscano (más atractivo de lo que muchos creen).

Además de dar una lección de rotación de plantilla, la Fiorentina puso sobre el césped a dos delanteros, algo que fuera de casa pocas veces se ve (sin ir más lejos el propio Inter sólo alineó a Zlatan). El argentino Osvaldo respondió con dos goles y deja ver que en Florencia hay un proyecto serio con ganas de confirmarse. Si es con esos alicientes y apostando para ganar, ojala que así sea.

Foto:AFP

El premio al ‘profesor’ Spalletti

Hace apenas unas semanas, comentábamos que el duelo de Champions entre Roma y Manchester United iba a ser una prueba de fuego para los dos proyectos. Ambos, son los más alegres ofensivamente hablando de las grandes ligas europeas y aunque la Roma salió muy 'escaldada' de aquella prueba, su rutina futbolística no le podía dejar sin premio. Un reconocimiento al trabajo de Spalletti que, aunque para muchos sea un título menor, no deja de tener doble significado porque es ante el campeonísimo de este Calcio (Inter) y porque ha roto todos los record posibles en una final copera.

He adorado como nadie el talante de esta Roma que no especula hasta que el rival le obliga, que engulle a base de empujones en masa con una línea de llegadores inigualables y que sabe sacar el provecho del gran Totti, al que la nueva demarcación como eje le da incluso mayor libertad, porque no sólo remata (máximo goleador de la Serie A), sino que es el perfecto asistente para los Taddei, Mancini o Perrotta, que son los fieles escuderos del gran príncipe romano. La 'doppietta' de un Panucci encomiable y las grandes paradas de Toldo, dejaron un marcador de 'set' al que sólo dos regalos de Cassetti y Pizarro para Crespo, dieron algo de respuesta.

No enumeraré los goles ni haré una crónica del partido, pero al Inter no le sentó nada bien la sienta (el partido se jugó a las 18:00) y fue arrollado de principio a fin por los gialorrosi, que sí demostraron tener un hambre incontrolable por vengarse del Inter que le había arrebatado las anteriores finales. Porque ahí está la base en números que hoy toda Italia recuerda. Los duelos entre interistas y romanos siempre se han clasificado, en las últimas campañas (Copas y Supercopas), por suministrar muchos goles y dejarnos remontadas épicas, pero lo del Olímpico este miércoles superó algunas estadísticas que parecían insalvables.

Así, el Inter sumó su primera derrota a domicilio tras nueve meses (desde Lisboa ante el Sporting), el partido se convirtió en el más goleador en la historia de las finales coperas (el antiguo era un 6-1 de la Sampdoria al Ancona) y el valedor de todo este espectáculo, el señor Spalletti, se llevó lo que buscó, media asa del torneo que romperá seis años de sequía en el bando gialorrosso. Que no sea el último, asegurará nuestras buenas tardes de fútbol y una buena dosis de alegría en un Calcio apenado.


Foto: AFP

Equipos míticos: Inter 1989 y los 60


18 años de sequía

La hinchada neroazurri ha sufrido demasiado tiempo. Proyectos con grandes expectativas que se desmoronaban, numerosos fichajes que nunca llegaron a paliar las verdaderas necesidades del equipo y, sobre todo, la sensación de inestabilidad constante en una institución que ha tenido un exagerado déficit de títulos en relación a la historia que un día le marcó entre los grandes. Alejado de las polémicas que le terminaron por adjudicar el Scudetto 2005-2006 en los despachos, que dejaron un sabor tan amargo como que el propio Moratti afirmó que sólo había celebrado ese título con una botella de cava y en familia, tocaba centrase en el 'bloque' y repetir la gesta de casi dos décadas atrás, el tiempo que hay que retroceder para volver a ver al Inter campeón.

Aquél vestuario estaba comandado por Giovanni Trapattoni, maestro del catenaccio y que había llegado dos años antes tras triunfar en la Juventus, donde creó la base de la futura Italia campeona del mundo en el 82. 'Il Trap' tenía un once bastante idealizado, en el que la defensa tomaba un papel fundamental con los Bergomi, Brehme, Matteoli, Ferri o Mandorlini como protagonistas de la base en la que se asentaba el juego interista. El mítico capitán Bergomi junto al potente Brehme, eran por entonces una pareja de ensueño en la que Trapattoni depositaba buena parte de sus esperanzas, pues para la creatividad y la fantasía ya estaban otros.

El buque insignia de este Inter campeón era Lothar Matthaus. El eterno capitán alemán había llegado ese año como estilete del nuevo proyecto que gobernaba desde el sillón presidencial Ernesto Pellegrini y no tardó en dar fe de ello en los que quizás fueron sus mejores años. Llegaba con la experiencia de quien había ganado ya tres Bundesligas con el Bayern y con el 'hambre' para reactivar a un grande aletargado que necesitaba recordar lo que era ganar el Scudetto ya que, por entonces, eran nueve años sin vivir el éxito.

Acompañado de jugadores en un buen momento y cuyo rendimiento fue ejemplar, como Berti, Bianchi o Ramón Díaz (técnico actual de San Lorenzo), Matthaus lideró al Inter, que necesitó los goles de Aldo Serena, nada menos que 22 dianas, para encontrar el camino ideal hacia un Scudetto que, a día de hoy va a ser el penúltimo (despachos a un lado), en la historia interista.

Il Scudetto Dei Record

Además de haber dejado un gran recuerdo en lo que al título liguero se refiere, aquél Inter campeón del 89 tiene a día de hoy los números de su parte porque fue todo un ejemplo estadístico. Basta decir que en esa campaña sólo cayeron en dos partidos, ante Fiorentina y Torino como visitantes, permitiéndoles cantar el alirón semanas antes de que finalizara la temporada. Los once puntos de diferencia final respecto al Nápoles, que sería campeón un año más tarde, coronaron a este equipo entre los grandes.

En el aspecto goleador ya citamos a Aldo Serena como su artillero, dado que el estado físico por el que atravesaba el internacional era tremendo, aprovechando su racha en un año ideal. Sus 22 dianas le hicieron ser el goleador del equipo, ya que logró más del 30% de los 67 con los que el Inter finalmente se proclamó campeón. Ramón Díaz con doce tantos y una gran capacidad de llegada era su principal compañero en tareas atacantes. Así mismo, recibió 19 goles en los 34 partidos.

El gran Inter de los sesenta

Cuando el Madrid arrollador de Di Stéfano se venía abajo tras dominar Europa, entró en acción el Inter de Milan. La historia neroazzurra invita a afirmar que éste, fue el mejor equipo que jamás allá tenido la institución y que mezclaba varios estilos para un bien común que, finalmente, pudo coronarse en Europa.

El principal protagonista no era otro que el mítico Helenio Herrera, quien abrió las ilusiones con su fútbol de 'estudio' que le valió su apodo de 'Mago'. Aquél Inter estaba liderado por Luís Suárez, balón de oro en la época y por el incombustible Sandro Mazzola. A su lado, haciendo honores a un bloque compacto, estaban los Facchetti, Corso, Burgnich, Peiró o Picchi, que llevaron hasta los extremos la 'pizarra' en el aspecto defensivo, con un cerrojo en toda regla que secaba los ataques rivales con un líbero como cabeza de turco. Ese revolucionador método surtió efecto a lo grande porque 2 Copas de Europa y 2 Intercontinentales no se ganan solas, menos aún si hay que dejar por el camino al Real Madrid (5 Copas de Europa por entonces).

Ahora, cuando el Inter sumará su 15º Scudetto, estos míticos recuerdos engrandecen la temporada actual que, sin duda, pasará a la historia como la del claro dominio neroazurro, más aún si mantienen su imbatibilidad.


Guido, el incorregible

Hace siete días, el Palermo cayó en casa ante el Cagliari (1-3) y perdía la cuarta plaza, con lo que se consumaba así su bajón y su mala racha que le ha ido relegando desde la segunda plaza hasta quedarse fuera de Champions League. Dentro del abanico de críticas, sin duda la más demandada era el conservadurismo de Guidolin, que realmente si ha tenido malas consecuencias una vez tras otra en partidos donde, por plantilla y nivel, debería haber buscado más y ser menos especulativo. Se habló de cese de Guidolin y, por ahora, ha salvado la cabeza.

Quizás por ello, el conservador técnico se presentó en el Giuseppe Meazza con aires nuevos, como si de una orden del jefe Zamparini le hubiera obligado a ser más atrevido. Dos puntas como Caracciolo y Cavani, llegadores como Simplicio, Bresciano o Diana y con Guana haciendo las veces de Corini (lesionado). Así, y con un 'extra' de furia por tener que recuperar la cuarta plaza en una campaña que se le había puesto a pedir de boca apenas en las cinco primeras jornadas, el Palermo mostró todo lo que puede dar de sí en una primera parte completísima que abrió Caracciolo rematando una jugada colectiva y cerró Zaccardo para sorpresa general. Además, al punta se le anuló un gol legal por falta previa anterior, de esos que uno se pregunta porqué los árbitros pitan falta en el 90% de los saques de esquina.

Con un 0-2 y habiendo secado literalmente al Inter, se venía lo más difícil. Ya no sólo porque Mancini sacó toda su artillería en la reanudación (Ibrahimovic, Stankovic), junto a Cruz, Adriano y un excelente Figo, sino porque tocaba decidir a Guidolin. ¿Aguantar con dos puntas para intentar alguna contra y para aguantar la pelota o ceder metros retirando a uno?, evidentemente esto último fue lo que hizo. Guidolin quitó a Caracciolo para meter a Giacomazzi, pero no nos engañemos, no tenía ni un sólo defensa en el banquillo. De una u otra manera, el Inter se fue a por los números, los que decían que si perdía se rompía su imbatibilidad. Con poco esfuerzo le dio la vuelta y dejó la sensación a los sicilianos que el experimento salió bien pero era sólo eso un experimento.

Competitivo superclásico

Con el espectacular despliegue que siempre origina un clásico de esta índole, Boca y River dejaron un gran partido, lleno de matices, detalles y, por supuesto, ocasiones porque si algo hubo en el partido fueron llegadas al área desperdiciadas por Boca primero y por River después.

Con un Riquelme hipermotivado de principio a fin, Boca fue más en la primera mitad. Allí, en apenas 45 segundos, una gran combinación entre Riquelme y Ledesma propició un hueco enorme en la zaga millonaria, que aprovecharon los xeneizes para romper los esquemas de Passarella. Eso fue bueno porque los miedos se disiparon y el partido se abrió con todo. Carrizzo (un excelente portero que suena para el Milan) sacó todo a los de Russo que lo dejaron escapar y que, con la reacción de casta de los del 'Kaiser', pudieron terminar por añorar.

River sacó un 'extra' de donde no había y con un gran despliegue empató en una contra de Rosales. En apenas quince minutos, River pudo y debió solventar el choque porque, sobre todo, Marcos Ruben y Belluschi estuvieron negados y fallaron tres ocasiones de las que se quedan en 'casi', que es lo mismo que nada. Un gran duelo, un gran escenario y un gran favor a San Lorenzo que, de nuevo con la 'Gata', está líder por méritos propios.

Fotos: Yahoo

 
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