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Empacho de goles


Más allá del incremento en las distancias entre Barcelona y Real Madrid en vísperas del clásico, la 14ª jornada quedará para el recuerdo por ser la sexta jornada más goleadora de la historia: 44 goles, lo que significa una media de 4'4 goles por partido. Hasta el momento, es la jornada con más goles de la temporada y la única en la que se ha anotado más de un gol en todos los encuentros.


El cierre nos dejó la derrota del Real Madrid ante el Sevilla (3-4) que coloca al equipo de Schuster en puestos de UEFA y, lo que es peor, a nueve puntos del Barcelona. La reacción de la segunda parte por la inclusión de dos extremos y un mayor equilibrio no fue suficiente. El tira y afloja al que sometió el equipo merengue a su rival, ésta vez, se decantó del lado visitante.


Mientras, el Barcelona sigue a lo suyo. A los de Guardiola ya les da igual el equipo que tengan enfrente. Se llame Sevilla, se llame Valencia, se juegue a domicilio o en el Camp Nou, raro será que el Barça no acabe castigando a su enemigo con goleada.


A la fiesta blaugrana, sin Iniesta ni Eto’o, se unió Henry con un hat-trick, además de un Dani Alves que ya lleva unos partidos dando su mejor versión. Y todo esto, enmascarado con un discurso humilde y conservador que recuerda al de la era Rijkaard (4-0).


El Atlético sigue aprovechando los duelos directos de sus rivales y ya está a tres puntos de Champions tras golear al Sporting (2-5). Agüero confirmó su mejoría física y Forlán permanece en estado de gracia. Igualado a 24 puntos con los colchoneros se encuentra el sorprendente Deportivo. Los de Lotina parecen no acusar el cansancio de la UEFA y superaron con solvencia a un enrachado Málaga (2-0).


El Villarreal había empatado en casa ante un Getafe que sale reforzado de los Pirineos, pero que desperdició una ventaja de tres goles (3-3). El Baptista verdiblanco -Emaná- le sigue dando sus frutos al Betis, aunque ésta vez sólo sirvió para empatar ante un atrevido Espanyol en el debut de Mané. Los pericos entran en descenso, pero la imagen invita al optimismo (1-1).


Del pozo sale el Numancia, que superó a un Almería en caída libre (2-1). Y ahí se mantienen Recreativo y Osasuna. Los onubenses dejaron muy tocados a Manzano y a Vicente Grande espoleados por la pareja Colunga-Marco Ruben en ataque (2-3).


Y los pamplonicas, al igual que el Getafe, desperdiciaron una ventaja de tres goles ante un Valladolid que suma cuatro jornadas invicto. Camacho encontró el gol en Dady pero en Navarra están empeñados en vivir un drama esta campaña (3-3). Y en El Sardinero, la cantada final de Iraizoz evitó que el Athletic despegara (1-1).

Se vende 'eclipse galáctico'

Dicen los expertos en astronomía y exploración espacial, que existen tres tipos de eclipses solares: parcial, total y anular. En el primero la luna no cubre por completo al sol, en el segundo lo cubre desde algunas superficies de la tierra y en el tercer ejemplo, la luna impone su presencia a la del disco solar.

En el mundo del fútbol hay jugadores que por su caché mediático actúan como un eclipse sobre sus compañeros, sobre su vestuario e incluso sobre la entidad. Muchos de ellos son, en sí mismos, parte de la nutrida historia del deporte rey porque durante su estancia levantaron tal admiración que se les reconoce por encima del cualquier bloque. La Argentina del 86 era la de Maradona, la Holanda del 74 era la de Cruyff y ,aprovechando a uno de los ídolos culés, Laporta y Soriano quisieron crear el Barcelona post-Ronaldinho, o lo que es lo mismo, el Barcelona de Henry.

El galo, con un caché envidiable por sus grandes actuaciones en la Premier durante los mejores años del Arsenal de Wenger, se instaló en la ciudad condal como la nueva estrella que iba a difuminar de un plumazo las dudas generadas en torno al proyecto de Rijkaard. Era una nueva era, el entorno anhelaba un fichaje de renombre y un jugador que generara ilusión, toda la que se vendió con mucha demagogia por parte de la directiva barcelonista. Una Liga perdida en un final de temporada desastroso y la envidia de ver festejar en Chamartín, hicieron el resto. Henry, que se había perdido buena parte de aquella campaña por culpa de sus interminables problemas físicos, estaba en decadencia, en un bajón considerable al que mucho habían ayudado los prometedores Wenger Boys, que ahora sustentan al equipo londinense. En el Emirates no se le presionó para que siguiera, nadie puso pegas a su salida ya que todos eran conscientes que el mejor Thierry ya había coronado sus metas personales.

Más de un año después de su llegada, lo único que se puede rescatar del francés se archiva en el lado oscuro, donde se aglutinan recaídas musculares, migrañas, depresiones y, en los últimos tiempos, gestos de rabia contenida. Todo esto ha provocado los primeros silbidos de una afición decepcionada. Todos se sienten engañados. Analizando profundamente, tan sólo se podría destacar en su rendimiento un par de partidos buenos (Levante y Murcia el pasado año). El resto son esperanzas y expectativas sin premio.

Por todo ello, conscientes de que sus días de crack ya quedaron en el olvido y, porqué no decirlo, deseando eliminar un gasto complejo y de peso en las nóminas mensuales (ya que el galo cobra 8 millones de euros por sentarse en el banquillo), la maquinaria catalana está promoviendo su posible salida. Ha llegado el momento de reconocer errores. Las adquisiciones desde Londres nunca dieron buen fruto -recuerden a Overmars o Petit- y el interés por hacerle regresar ante el incesante interés del Chelsea, crece en los pasillos del Camp Nou, el que más fuerza ejerce a su cambio de aires.

Allí, en la majestuosa capital inglesa, disfrutan de Cesc, su sol particular. Mientras, en Barcelona, llevan dos años doctorándose en astronomía con el francés como protagonista y el temario de eclipses se ha ampliado a cuatro: parcial, total, anular y uno extra, el 'galacticidio'.

Peligro de Galacticidio

Por Pablo Aro Geraldes (Colaborador El Enganche)

Suele ocurrir con los clubes habituados al éxito: tienen tolerancia cero ante un segundo puesto. Entonces, como si un subcampeonato fuese sinónimo de fracaso, empiezan a buscar responsables y no encuentran mejor manera de lamer sus heridas que saliendo a comprar futbolistas que no necesitan. En las últimas temporadas, el verano español fue testigo de la desesperación compradora del Real Madrid. Los Galácticos no aparecían y en la Casa Blanca aumentaba la compulsión de sumar nuevas estrellas.

Finalmente, después de haber gastado millones y millones de dólares en futbolistas con cartel, los madridistas celebraron la obtención de la última liga. Barcelona, verdugo del Real Madrid en las dos temporadas anteriores, había mostrado tino al momento de sumar jugadores para mantener una escuadra ganadora en los diferentes frentes que debía atacar: la Liga Española, la Copa del Rey y, sobre todo, la Liga de Campeones de Europa.

Pero, en los últimos doce meses, la vitrina culé no sumó ningún trofeo y las autoridades del club entraron en estado de pánico, al mismo tiempo que veían cómo la fuente de Las Cibeles se vestía de blanco y se embriagaba con la alegría madridista. Se contagiaron el mismo mal que tanto se le criticó al madridismo Galáctico y salieron a arrasar en el mercado.

Aunque la formación titular tenía a Ronaldinho, Messi, Deco y Eto’o (y contaba con un banquillo con nombres como Saviola y Gudjohnsen), Barcelona se abalanzó sobre Europa con un la misma voracidad compradora de su archirrival. Sumó así al defensor argentino Gabriel Milito (Zaragoza), al mediocampista marfileño Yayá Touré (Mónaco), al lateral francés Eric Abidal (Olympique Lyon) y a su compatriota Thierry Henry (Arsenal),uno de los mejores futbolistas del planeta.

El periodista español José David López ideó el término “Galacticidio”, una palabra que resume a la perfección el riesgo que afronta el cuadro catalán: “Todos conocemos a Henry, su jerarquía, su experiencia, su grado de competitividad... Todo es perfecto, un fichaje que suena a oro para una delantera temible; pero que puede traer consigo un galacticidio colectivo que Joan Laporta parece haber iniciado con esta compra".

Foto: Yahoo

Un cromo para el 'galacticidio'

El pasado 18 de abril se dio el primer paso para el que ya es, a día de hoy, fichaje estrella del mercado veraniego. Aquél día lluvioso, como siempre en Londres, dejó fuera de la directiva Gunner a David Dein, absoluto jefe de operaciones del Arsenal y amigo intimo de Thierry Henry. Apenas unos días después se comenzó a especular que la estrella podía pensar su futuro y dejó unas declaraciones que así lo encaminaban, donde añoraba más 'control' con ciertas decisiones que, a su parecer, "nunca debían haberse tomado".

Ese fue el primer golpe serio, un mazazo a una afición a la que el galo había prometido fidelidad tras caer en la final de Champions 2006 pero un momento en el que Ferran Soriano, vicepresidente blaugrana, supo ver la posibilidad de llevárselo al Camp Nou.

Ahora, apenas 3 meses más tarde, la realidad es contundente, Henry es azulgrana y se abren cientos de incógnitas. Todos conocemos al francés, su velocidad, su calidad, su regularidad goleadora y sus alardes de prepotencia debido a una superioridad tremenda sobre sus rivales, al menos en lo físico, por lo que no es extraño que pese a que cumplirá 30 años al inicio de la Liga, firme por cuatro años. Su jerarquía, su experiencia, su grado de competitividad... todo es perfecto, un fichaje que suena a oro para una delantera temible pero que puede traer consigo un galacticidio colectivo que Laporta parece haber iniciado con este cromo a base de talonario.

Es irremediable intentar esclarecer quien se caerá del once (Messi, Ronaldinho, Etoó o Henry), así como si es una puerta abierta al camerunés o si, por el contrario, se trata de un simple refuerzo para dar un ánimo inmediato a una afición que ansía alegría después del 'palo' liguero. A su vez, es incuestionable no compararlo con la etapa blanca de Florentino. Este fichaje suena a superclase, a crack mundial, a presentación de las que hacen historia y a un cromo demasiado caro quizás para un vestuario ya de por sí conflictivo. ¿Es necesario realmente Henry?

Viendo la facilidad goleadora de los azulgranas y teniendo más que claro que ha sido la fragilidad defensiva su cuenta pendiente durante esta campaña, parecen mucho más encaminados hacia la lógica los refuerzos de Yaya Touré y Chivu, que se cerrarán este sábado. Ambos llegan para cubrir una plaza que hay que reforzar, un 'punto negro' en la plantilla y una necesidad generada por la vocación ofensiva de un equipo de Rijkaard. Al holandés parecen haberle metido una estrella más a la que 'domar' y no a un jugador solicitado. Y es que ya se sabe que cuando son los 'seres superiores' quienes sacan su cartera...

Foto: AFP

 
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