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Un 'siete' para la historia

Hay quien se preocupa en el fútbol actual por la pérdida de grandes cifras goleadoras. Las tácticas cada vez más definidas y trabajadas, la permisividad arbitral y un considerable aumento de la calidad de los equipos, han logrado aumentar la competitividad del fútbol pero, a su vez, hacen que los goles, que a fin de cuentas son la alegría del deporte rey, hayan disminuido.

En un promedio goleador entre las ligas europeas nadie duda de que la Eredivisie holandesa es la más agradable de cara a puerta, con goleadas considerables cada cierto número de jornadas y con grandes anotadores a lo largo de toda su historia. Allí la rompieron en su día Cruyff o Van Basten y más recientemente Romario, Ronaldo, Van Nystelrooy o Huntelaar, por lo que sentarse a ver un partido holandés es sinónimo de facilidad goleadora.

De esas defensas frágiles, de los guardametas de nivel medio y de lo ofensivo del fútbol de los países bajos se benefició el pasado año el brasileño Afonso Alves. Sus nada menos que 34 tantos le sirvieron para ser segundo en la lucha por la bota de oro y, de paso, darse a conocer al mundo como un delantero veloz, con una pegada terrible, cabeceador y, sobre todo, rematador oportuno. Esos signos le valieron para hacer historia en Holanda, convertirse en internacional y hasta ser convocado por Brasil para la Copa América.

Cuan
do este delantero que llegó del Malmoe sueco (lo que habla de lo mal orientada que tenía su carrera), volvió a Heerenveen, se habló de su traspaso pero no se concretó ninguna oferta pese a que aún tiene 26 años. Siendo elegido mejor jugador del año en la Eredivisie, aún tenía algo que mostrar, y lo hizo este domingo cuando anotó siete goles en la tremenda paliza de su equipo al pobre Heracles (9-0)

Con ese dato, histórico donde los haya, supera a los citados Cruyff o Van Basten, pero también a dos goleadores como Pierre Kerkhoffs o Dick Lammers, todos ellos con seis tantos como récord absoluto. Afonso Alves superó esa marca y ya apunta hacia la bota de oro. Sólo nos queda esperar que alguien se 'pique' con el brasileño.

48 horas de disfrute y tensión

Llega el final de temporada y, con el, irremediablemente, los nervios se reactivan, las pasiones se desatan y, en definitiva, el pulso por los títulos toma un carácter, para muchos, incomparable. En España vemos como la lucha parece destinada a tres equipos, con permiso de los chés, y cuando aún restan varias jornadas más que en el resto de ligas europeas, se palpa una tensión especial, la misma pero en dimensiones históricas que sacudió este fin de semana a Holanda y, en menor grado a Alemania o Inglaterra.

Falaz desenlace ha tenido la Eredivisie. Ya sabemos que tres equipos (AZ, PSV y ajax) se jugaban el todo por el todo en una última jornada para enmarcar. Por momentos el AZ era campeón, pero su inesperado derroche en Rotterdam ante un equipo como el Excelsior (primado a buen seguro), abrió las opciones a los dos restantes que, por momentos se fueron pasando el título minuto a minuto. Anotaba el Ajax, marcaba el PSV, aumentaban su cuenta los de Ten Cate y hacían lo propio en el Phillips Stadium. Es difícil hacerse a la idea de un final tan caótico salvo que lo vivamos en directo pero este desenlace, donde un gol sin premio en puntos (porque no era un gol que valiera un empate o una victoria), dio la Liga al PSV. Sin palabras para poder explicar un final de temporada que pasará a los anales, entre otras cosas, por la oportunidad perdida para el AZ, el equipo que más lo merecía y que hubiera roto una línea etilista sin paredón.

Quizás debamos acostumbrarnos a este tipo de pasiones desbordadas hasta el último suspiro de un campeonato porque, según se prevé, en la Bundesliga el camino puede repetirse y, en este caso, porque los propios interesados (Schalke y Werder Bremen), parecen dispuestos a ello. De los de Slomka ya hablamos el pasado viernes, son irregulares fuera de casa, no tienen argumentos ni experiencia para saber culminar el 'match point' que tenían a su alcance. Mientras, el Bremen, sigue quemando etapas en su fatídico planteamiento ofensivo. Si, es extraño que se pueda meter el bisturí en un fútbol tan abierto, atacante y alegre como el que planea día a día Thomas Schaaf, pero si ya el pasado jueves tiró la eliminatoria en Montjuic por su ansiedad para contrarrestar un marcador ya complicado, ayer lo repitió en Bielefeld donde empató en dos ocasiones pero terminó por caer derrotado, de nuevo, a la contra.

En la Premier sucedió algo similar en relación a emoción y estado de sobre exaltación porque los dos líderes se jugaban buena parte de sus aspiraciones ligueras a la misma hora y conociendo, al detalle y con actualidad extrema, cómo le marchaba a su enemigo. Así, pudimos vivir una tarde mágica donde a falta de media hora el United dejaba de depender de sí mismo para dejar servido el título a los Blues y, al final, los de Ferguson meten cinco puntos a falta de nueve por disputarse. Por más que reste un partido entre ellos, el United terminará en Old Trafford la campaña por lo que el Chelsea tiene una auténtica osadía ante sus ojos y, además, visita esta jornada al Emirates. ¿El United campeón en Stamford Bridge?

Foto: AFP

 
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