Desde que toda la maquinaria mundialista pasara con éxito ejemplar por Alemania, el fútbol teutón dio un paso adelante respecto a otros campeonatos europeos que habían ganado en mercado e importancia durante los últimos tiempos. Esta evolución se reflejó en la selección alemana que supo esconder sus debilidades y apuntó una progresión con nuevas generaciones (estaba obligada a ese cambio) que fue semifinalista por entonces y finalista en la última Eurocopa.
El mayor cambio, sin embargo, se plasmó en el ambiente festivo que entró en escena en cada partido de la Bundesliga. Estadios abarrotados, aficiones entregadas, más ruidosas y pasionales que nunca y la sensación de que, por fin, el campeonato germano ganaba en interés y en carácter mediático. La facilidad goleadora, la mayor competitividad y la llegada de algunos fichajes de mayor renombre de lo que venía siendo costumbre, impulsó aún más todas estas buenas vibraciones. Ahora, cuando esas bases están fijadas y asentadas, la mayoría de equipos buscan un giro, una catarsis en sus ideas para seguir añadiendo cimientos en sus agradables proyectos de futuro.
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El fútbol alemán se ha instalado peligrosamente en una espiral de decadencia respecto al resto de grandes ligas europeas. Ya no asombra presenciar que sus equipos pasan inadvertidos a nivel internacional y cada vez son más lejanos los recuerdos de aquellos gloriosos años del Bayern, del Monchengladbach y del Magdeburgo en los 70 o el Hamburgo de inicios de los 80.
Más allá de algún ‘zarpazo’ esporádico, como en 1997 con la Champions en Dortmund y la UEFA en Schalke, los equipos teutones fueron cayendo al son de los euros que reforzaban a sus grandes rivales europeos (la mayoría de ellos llegados desde las televisiones), aquellos cheques que jamás llegaron a una Bundesliga que, desde entonces, se ha ido renovando en muchos otros aspectos. Y es que mientras la Premier se extendía a lo grande, la Liga se alzaba con varios títulos europeos y el Calcio no cedía al asegurar siempre varios equipos al primer nivel, en Alemania se optó por crecer en administración, organización e instalaciones, ya que prácticamente la totalidad de los estadios germanos han sido renovados o tienen pocos años de vida.
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