Rompiendo el favoritismo de sus rivales y accediendo a que será su primera gran final, Adelaide United y Gamba Osaka se han impuesto al Bunyodkor uzbeco de Rivaldo y Zico así como al actual campeón y principal candidato, el Urawa Red.
El famoso Bunyodkor (Kuruvchi en otra época), no ha podido culminar la hazaña para la que había preparado varios cheques en blanco durante la temporada. El dinero del presidente uzbeco, dispuesto a adueñarse del mercado asiático y llevar a su entidad al Mundial de clubes del próximo mes de diciembre, no ha sido suficiente. Tras el injusto 3-0 de la Ida, donde el Adelaide United tuvo más pegada pero fue dominado, los de Rivaldo sólo lograron recortar con un gol de Pardaev.
La sorpresa estuvo en el enfrentamiento nipón entre Urawa Red, actual campeón y candidato número uno al título y sus compatriotas del Gamba Osaka, que no habían logrado traerse un buen resultado de la Ida pese a ser superiores. Con todo igualado, la pasión de los graderíos del famoso Kotaba (o Saitama tras su remodelación), aseguraban un partido espectacular que se abrió con un gol del ex punta del Hamburgo, Takahara. Sin embargo, el cuadro visitante, actual campeón de Copa y Supercopa japonesa, dio la vuelta al marcador con tantos de Yamaguchi, Yama en propia puerta y el definitivo de Endo. Una sorpresa entre dos viejos rivales.
Ahora toca esperar a mediados del mes de noviembre (5 y 12), para disipar quien será el campeón y accederá directamente al Mundial de Clubes de Japón. Favorito claro no hay pero sí es cierto que el carácter y juego del Gamba ha sido de lo mejor del torneo, mientras los aussie se basan en su defensa y en las acciones de sus estrellas brasileñas.
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Hace ya varios meses conocí dos historias deportivas con similares fondos multiculturales que reflejaban a la perfección la entrega y sacrificio que exige el fútbol para llegar hasta un nivel suficientemente competitivo. Una de ellas fue la historia de Masakutsu Sawa, un nipón de habla hispana que triunfa en Perú hasta el punto de que han intentado convencerle de ser internacional andino. La otra (prometo que mi idea fue escribirla justo después de la ya citada), tiene idénticos tintes por su carácter cosmopolita, su acusado apego familiar y la defensa de una bandera que nadie le hubiera cosido al pecho. Es la vida de Sergio Escudero.
Un padre argentino que se decidió a cruzar el ‘charco’ para seguir su trayectoria futbolística en el Granada de finales de los años 80 y principios de los 90 (aún en Segunda División), fue el mejor ejemplo para un Sergio cuyos pasos iban a seguir un camino semejante. Nació en Granada dentro de un ambiente futbolero muy acusado y con el estadio de Los Cármenes como testigo directo pero la familia tuvo que repetir la experiencia de empezar de cero en otro lugar cuando la carrera de su padre le obligó a partir hacia Japón previo paso por Argentina.
Sin embargo, aquellos meses en suelo sudamericano fueron clave porque su tío, el afamado jugador Osvaldo Escudero, vio en su sobrino a la excusa ideal para motivar su cariño por la pelota. Así, tras regresar del periplo japonés donde Sergio ya había apuntado tener el mismo perfil que sus raíces paternales, su tío le puso en escena dándole entrada en las categorías inferiores del Vélez Sársfield con sólo 8 añitos.
Sus cualidades se fueron explotando mientras su padre se hacía un hueco en el panorama futbolístico japonés (jugó siete años en el país nipón e incluso fue entrenador una vez retirado). Sergio mejoró sobremanera al lado de su tío y fue capaz de colocarse la albiceleste con la selección Sub 15, lo que parecía encaminarle hacia un futuro argento hasta que tuvo que regresar a la potencia asiática.
Fascinado por el gran talento de su chico, los contactos de su padre le dieron rápidamente entrada en el Kashima, y tras un año de transición, el Urawa (actualmente el equipo más fuerte y famoso de Japón), accedió a las propuestas de su progenitor, que había actuado ya previamente en el actual campeón del continente. El 15 de abril de 2005, el trabajo y la dedicación de toda la familia Escudero se vio recompensado cuando el pequeño Sergio debutó en la J League. Tenía 16 años y se convirtió en el segundo futbolista más joven que se estrenaba en la categoría (sólo superado por Morimoto).
Imposibilitado a aventurarse en la Bundesliga (el Urawa se negó a darle la libertad cuando el Stuttgart apareció en su camino), Sergio mejoró a pasos cortos pero bien dirigidos hasta conseguir la ciudadanía japonesa en 2007. En ese momento, su triple nacionalidad (española, argentina y nipona) le abría todas las puertas posibles para dirigir su carrera y se decidió por el país que le dio un nombre en el terreno de juego (generando unas expectativas impensables).
Así, se vistió de ‘samurái’ en el torneo de Toulon e incluso en el Mundial Sub 20 del pasado año, algo que repetirá en Pekín 2008 con la idea de escribir su nombre en las agendas de los ojeadores europeos. A un paso de cumplir los 20 años, necesita eliminar los titulares ganados por su singular trayectoria y reescribirlos con letras de oro por sus éxitos deportivos. Un paso difícil pero accesible que honraría los esfuerzos de el primer hispano de habla nipona.
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