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Derrocando la 'tranquilidad' de Kalmar

En la Europa futbolística de primer nivel, la que cada día reclama los titulares de medio planeta y representa el principal filón del deporte de masas por antonomasia, la temporada prácticamente está empezando. Se habla de las primeras decepciones y de los inesperados animadores en cada torneo, pero en otros puntos del continente los campeonatos están rozando su final y, en algunos casos, también con grandes sorpresas. Un perfecto ejemplo es el del Kalmar FF, que está a sólo dos jornadas de convertirse en campeón del Allsvenskan 2008 y estrenar título liguero.

Concentrada en el sureste de Suecia y rodeada de industrias y centros universitarios que la llenan de vida pese a sus poco más de 35.000 habitantes, Kalmar es el prototipo ideal de ciudad donde perderse en tiempos de inquietud. Con el Mar Báltico y sus aguas serenas de fondo, el fútbol ha querido derrocar tan inquebrantable tranquilidad a base de goles, los mismos que pueden desencadenar la mayor locura de la historia de la ciudad en apenas diez días, cuando el Kalmar FF levante el que será su primer título liguero.

Pese a estar cercano a cumplir su centenario, el Kalmar es un club modesto que ha pasado más de tres décadas en las divisiones inferiores del fútbol sueco. Sin ir más lejos, hace sólo cinco años que está de vuelta entre los grandes del país. Esa irregularidad deportiva le valió para renovar positivamente la estructura directiva y paliar de una vez la crisis económica que venía arrastrando. Esos avances extradeportivos unidos a la venta de varios de sus mejores jugadores al extranjero, generó la posibilidad de crear un nuevo proyecto en torno a unas bases que vienen funcionando en los últimos años y que tendrán la mejor recompensa en breve.

Tras acercarse año tras año a la zona noble y entrando en competiciones europeas (Sólo los tres primeros y el ganador de Copa se clasifican), el pasado año rozaron el ‘doblete’ al conseguir la Copa (tercera de su historia) y ser sub-campeones. Esa progresión en apenas unos años reflejaba las evidentes mejoras que había sabido explotar el técnico, Nanne Bergstrand, un hombre de la ‘casa’, ex jugador y que pasa su segunda etapa en el club.

La regularidad ha sido su mejor aliado en una temporada muy larga (empezó en marzo) que sólo tuvo un ‘punto negro’ en la eliminación de UEFA a cargo del Feyenoord. En el Allsvenskan 2008, su andar ha sido firme aunque siempre ha estado perseguido de cerca por equipos de mayor nombre como Elfsborg, Goteborg o Helsingborgs, de los cuales sólo el primero (actual campeón), puede evitar el final feliz que todos tienen previsto en el antediluviano Fredriksskans. Allí, en un campo con casi un siglo de historia que no ha vivido remodelaciones importantes y que dejará su lugar al moderno Nya Kalmar Arena en apenas dos años, se vivió un paso clave este miércoles. El Kalmar logró remontar al Gefle (3-1) y sellar una nueva victoria que le deja tres puntos por delante del segundo clasificado a falta de sólo dos jornadas.

La plantilla de Nanne Bergstrand reúne a jóvenes prometedores con jugadores experimentados en el fútbol escandinavo. Curiosamente, sus extranjeros, que han sustentado con sus traspasos la remodelación estructural del club, no son ni mucho menos las estrellas en esta campaña sino que están pasando desapercibidos. Sólo el francés Sorin es titular. Y es que el nivel de los jugadores nacionales está siendo la gran baza. El veterano Wasta es fijo en la portería, con dos laterales de proyección y dos centrales experimentados que completan la línea de cuatro. La fuerza está en mediocampo, donde el mejor jugador está siendo Ingelsten, que suma 16 goles y tiene una historia singular. Viktor Elm pone la calidad y Rydström la sabiduría destructiva. Rasmus Elm es el mediapunta creativo con gol y, por delante, más como punto de referencia que como hombre gol, está Stephan Larsson o el joven nigeriano Dauda.

Estos ‘mimbres’ pueden cerrar a lo grande un proyecto cautivador el próximo 10 de noviembre, última jornada de un Allsvenskan que dejará, además de los históricos goles del mítico Henrik Larsson (lleva trece hasta la fecha y es tercero en la tabla de goleadores), una fiesta sin igual en la perdurable tranquilidad de la coqueta Kalmar.

España: Una ‘cura de humildad’ a tiempo

Llegábamos con las espadas en alto, crecidos y quizás confiados en que España y su imagen victoriosa del debut, volverían a reflejarse ante Suecia. Sin embargo, como era de esperar conociendo al rival, el partido iba a ser mucho más físico, defensivo y lento que ante los rusos ya que Lagerback planteó así la cita, justo como intentaba evitar Aragonés.

Los escandinavos no saben controlar los partidos por posesión de balón, sino por potencia, agresividad y fútbol directo. Esas simples pero engorrosas ideas, fueron una pesadilla para España que empezó genial, se atascó, dejó la iniciativa y acabó sucumbiendo más allá de que Villa solventara la papeleta con tres puntos que, a su vez, lavan problemas rumbo a cuartos.

Pero Aragonés debe saber que, al igual que acertó ante los rusos, se equivocó contra Suecia. Estuvo muy listo al plantear la cita como un rotundo desgaste al rival, que se pasó el primer cuarto de hora tras la pelota, dividido por el buen hacer de Xavi y Senna, así como por las apariciones de Silva, al que le falta mordiente para ser un jugadorazo con mucho más gol. Todo estaba encaminado al gol y Torres lo concretó con un remate inverosímil que iba a romper con lo visto hasta ese momento.

Y es que pese a que a la ‘Roja’ le iba el tono que había tomado el partido, decidió dejar la iniciativa a su rival. Así sucedió ante Rusia, pero mientras el remate de Zyrianov se marchó al poste sin premio, el de Ibrahimovic (tras dos avisos de Larsson y Elmander), se fue a la red. Esa falta de atrevimiento o simple cambio de planteamiento para buscar las contras una vez en ventaja, fue esta vez la peor lectura posible.

La lesión de Puyol evidenció muchísimo más las dudas defensivas. El catalán se marchó lesionado y sin querer culpar a Albiol, tanto el ché como su compañero Marchena, tuvieron un partido flojo, fuera de sí con los movimientos de Larsson y quebrando en el gol de Ibrahimovic. El Juventino aprovechó un mal despeje de Albiol, el corte tardío de Marchena y, desde luego, la mala defensa de Ramos, que se fue al suelo con una facilidad inusitada. Hasta Iker casillas estuvo extrañamente débil en su intento por sacar esa pelota.

Lo más positivo fue que pese a dejarse llevar y ceder la iniciativa, en la reanudación se volvió a la lógica y el guión de atacar a base de movimiento de balón, merecía premio. Se buscó con ahínco y aunque sin mucha creatividad ni profundidad, Villa está enrrachado y eso hay que aprovecharlo. Una cura de humildad en un momento bueno ya que hay solución por delante.

Suecia castiga la alergia ofensiva de Grecia (2-0)

Se esperaba una versión continuista de la actual campeona de Europa, es decir, la que apuesta por armarse atrás con carácter y juntando líneas, justo lo que Rehhagel sabe explotar como pocos. Con Gekas como único estilete y Charisteas metido en banda derecha, la prioridad era contener para buscar peligro en acciones a balón parado. Lagerback, mucho más ofensivo como demandan los cánones del fútbol escandinavo, apostó por Ibrahimovic como centro de operaciones atacantes (se mostró bien pese a sus lesiones).

Sin embargo, como tantas veces, a los ‘vikingos’ les falta creatividad y su fútbol directo, con mucha entrega y presión, resultó repetitivo y controlable para la experimentada línea helena. Pero cuando el gol hizo acto de presencia, Grecia sólo había jugado una carta y pese a intentar remover su planteamiento con Amanatidis como cara más activa, fue demasiado tarde y previsor.

Con la poca permisividad de la defensa griega, el principal manantial ofensivo de Suecia fue el control de la posesión. Viendo que el campeón ni la quería ver, sentó sus intentos en torno a la figura de Ibrahimovic (imprevisible) y las acciones intermitentes pero eléctricas de Wilhelmsson y Svensson. Larsson, por detrás y la fuerza de los Hansson y Mellberg, eran su mejor aval. Grecia no quiso en ningún momento tomar la iniciativa ni correr riesgos innecesarios. De esta manera, sólo las intenciones de Karagounis cuando adelantaba metros y algún despiste escandinavo, dio cierta vida a la opción griega, que no llegó a producirse como en otras ocasiones.

Así pues, un cabezazo de Hansson o una volea de Svensson, dieron la fortaleza a los suecos, que se crecieron en busca de sus ocasiones conscientes de que iban a tener que armarse de paciencia. Un cabezazo de Ibrahimovic que buscaba solo tocar lo justo para aprovechar la mala salida por alto de Nikopolidis, fue la más clara.

En la reanudación, dos intentos de vaselina fallidos, uno de Wilhelmsson y uno con muchísima intención de Karagounis, pudieron alterar el marcador pero ese honor estaba reservado para Ibrahimovic.

Justo antes de marcharse al banquillo por sus molestias, Zlatan Ibrahimovic nos regaló un auténtico golazo que hizo sucumbir la actitud defensiva de los helenos. Su pared con Larsson al borde del área, le habilitó para que soltara un disparo envenenado y directo a la escuadra de Nikopolidis que, pese a tocar, no pudo rechazarla. Era el ecuador de la segunda mitad y el instante clave en el choque.

Poco después, en una jugada llena de despropósitos de la zaga helena, Hansson iba a aprovechar (casi por insistencia y pura suerte) tantas indecisiones. El zaguero, en posiciones de ataque, impidió el despeje en varias ocasiones hasta que, tras tocar en Nikopolidis, Kyrgiakos y el propio sueco, Seitaridis despejó con el escandinavo delante y la pelota, tras rechazarle, se fue a la red. El gol tonto de lo que llevamos de Eurocopa.

El golazo que abrió el ‘yogurt’ griego y que, a la postre cambió el discurso del choque, hizo que Ibrahimovic fuera clave. El interista terminó siendo el más destacado y su gol lo encumbra como una de las sólidas bases sobre la que los suecos deben crecer. Con Larsson a su lado, más en desmarques y movimientos, el crack escandinavo es peligroso y encuentra más espacios. Ellos dos se llevaron los focos más allá del buen comportamiento de un equipo que no bajó los brazos y propuso esfuerzo hasta lograr el premio.

Con la mínima presencia ofensiva por la que apostó Grecia, los únicos cambios helenos intentaron dar mayor brío a esa faceta pero ya era tarde. Samaras entró en el descanso para pasar inadvertido y Amanatidis, ya con el marcador en contra, se mostró pero no pudo trastocar la balanza. Las molestias previas de Ibrahimovic propiciaron su recambio en el ecuador de la segunda mitad pero, desde ese momento, Suecia propuso mayor empaque y presencia en el área helena. La corpulencia de Elmander y Rosenberg fueron las apuestas de Lagerback en la recta final para controlar una victoria muy importante que debilita al campeón.

Última opción para el 'bloque' sueco

Un par de ‘genios’ en ataque con cualidades opuestas y una base que se conoce a la perfección tras numerosos proyectos consecutivos, son el mejor aval de los escandinavos, que gozan de una salud envidiable en lo que a fases finales se refiere pero que, al menos hasta la fecha, no han tenido un rendimiento óptimo en las Eurocopas. Viejo conocido de España, con quien últimamente se cruza casi por decreto, quizás sea el ‘tapado’ de un grupo competitivo donde la sorpresa no sería tanta en caso de asustar a quien se ponga por delante. Es, seguramente, la última gran cita de un grupo con mucho recorrido.

Desde que el sorteo de la fase de clasificación les uniera a la ‘Roja’, todos los ojos estaban puestos en que, sin duda, iba a ser el rival a batir para liderar el grupo. Los suecos comenzaron a un ritmo arrollador, ganando sus primeros cuatro (incluyendo una victoria por 2-0 ante España) en un choque con un claro dominador que impuso su estilo de juego.

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Y Pelé se hizo hombre...

No será en el mítico Rasunda sueco, sino en el Emirates Stadium de Londres. Tampoco será una final, sino un partido de carácter amistoso dentro de una semana prolífica en ese sentido. Y, desde luego, no veremos a Pelé, sino a aquellos que siguen intentando emularle. Sin embargo, el Suecia-Brasil de este próximo miércoles servirá para conmemorar los 50 años de la primera victoria mundialista de la canarinha, aquella que se coronó en Estocolmo con un torneo espectacular que definió con lujo en una de las mejores finales de la historia.

Fue el primer Mundial en contar con una retransmisión televisiva que se extendió a más de setenta países, la primera y única fase final que disfrutó de la presencia de las cuatro selecciones británicas, ya que Gales aprovechó un cupo vacío que supo disputarle con victoria a Israel pero, sobre todo, fue el torneo que certificó la consagración del gran Pelé.

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Varón’ sueco

Resulta llamativo, cuanto menos, observar que una de las páginas más gloriosas de la historia del Milan sea totalmente ajena a los méritos de sus jugadores nacionales. Un equipo que siempre ha arrastrado grandes nombres azzurros como Rivera, Anquilletti, Baresi o Maldini, vivió una época dorada a comienzos de los años 50 siendo tres suecos sus grandes estrellas.

Aquella emotiva ‘Gre-no-li’, formada por los escandinavos Gunnar Gren, Gunnard Nordahl y Nils Liedholm, no sólo logró terminar con la imagen de un equipo débil que no ganaba un título 40 años atrás, sino que llegó a proclamarse Campeón de Europa en 1951 (antigua Copa Latina). Ahora, con nada menos que 85 años, Nils Liedholm, nos ha dejado.

Aquél centrocampista de piernas elegantes y seductores movimientos de cintura que dominaron la Europa de la época, será siempre recordado como el primer extranjero que más partidos ha disputado con los rossoneros. En doce campañas se vistió de corto en 394 ocasiones, donde mostrando su gran capacidad de llegada y disparo lejano, anotó 89 goles.

Liedholm era el organizador, el hombre fuerte técnicamente y el mejor asistente de su compañero Nordahl, capo-canonieri por excelencia en la época. Le llamaban ‘Il Barone’ aunque un rotativo le idolatró como una estrella que había llegado desde el norte para terminar con el letargo milanista (La stella venuta dal nord). El, fue el mejor exponente de clase y toque en aquellos años y pese al juego rudo y a la batalla en la que se convertían muchos partidos, jamás fue amonestado en sus veinte años como profesional. Todo un logro que se le reconocerá de por vida.

Antes de ganar dos Copas Latinas y Cuatro Scudettos en San Siro, se había fraguado su carrera en el Norrkoping sueco, donde dos Ligas le dieron a conocer al mundo. Con la selección escandinava, escribió los mejores recuerdos que aún hoy se recuerdan puesto que fue el crack en la Medalla de oro de los Juegos Olímpicos de 1948 y Subcampeón del mundo en 1958 (era el capitán con 36 años). Allí se le cruzó un jovencísimo Pelé.

Apuró sus 39 primaveras como todo buen ídolo de los lombardos y se pasó a los banquillos donde triunfó en Milan y Roma. Más allá de sus dos Scudettos y tres Copas de Italia, se quedó a las puertas de Europa en aquella final de 1984 donde en el Olímpico, los romanos cayeron ante el Liverpool en penaltis. Hubiera sido el colofón.

Fiel a su costumbre y nobleza, murió en su granja de Cuccaro mientras la enfermedad le consumía. Suecia llora al que fue su mejor futbolista. ‘Il Barone’ nos deja.

Foto: yahoo

 
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