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La generación 'rockera' de Bilic

Una generación con ganas de hacerse un nombre, que ha llegado al torneo con mucho ruido tras su portentosa victoria en Wembley y que goza de un caché privilegiado que le tacha de equipo revelación, es la ilusión de un país en vías de desarrollo futbolístico. Jóvenes en ataque y expertos en defensa, los del singular Bilis pretenden hacer olvidar a los ‘Suker´s Boys’ del 98. ¿Hay razones para ser confiados?

Nadie, absolutamente nadie, hubiera imaginado tanta solidez en el equipo croata durante la fase de clasificación a esta Eurocopa. Los Vatreni sellaron su mejor fase clasificatoria dentro de un grupo fuerte con Inglaterra y Rusia como principales escollos pero con la peligrosidad de Israel o Macedonia, con quien comparte una enemistad histórica más allá de lo deportivo. Tan buena fue la experiencia, que la única derrota que sumaron los croatas fue precisamente contra los macedonios una vez que ya estaban clasificados. Arrancaron empatando en Rusia y, tras ello, venció a Inglaterra y no paró de sumar éxitos como la victoria en Israel (3-4) o el ‘pelotazo’ ante Inglaterra en Wembley (2-3), que les coronó como alternativa seria al tiempo que dejaban en casa a los británicos.

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La 'maldición' post-Suker

Apenas ocho años de vida independiente y conseguir un éxito que otros países llevan casi un siglo buscando, es un recuerdo imborrable en la memoria no sólo de los Mundiales, sino de cada aficionado croata. Los centroeuropeos, que no llegaban a la década de vida como nación tras la separación de la antigua Yugoslavia, dejaron a un lado el empezar de cero y aquellos días (Francia 1998) coincidieron, felizmente, con una de las grandes generaciones del fútbol balcánico en global.

Los Vatreni, que ya en la Eurocopa 1996 lograron acceder a cuartos y dar mucha guerra a Alemania (posterior campeón), llegaban más unidos que nunca en torno a un colectivo que mezclaba a partes iguales jugadores consagrados al primer nivel con perfectos bregadores de segunda fila. Stanic, Asamovic, Prosinecki, Jarni, Boban y, desde luego, Suker, formaban una columna vertebral de muchos ‘quilates’ que se iba a vengar a lo grande de lo sucedido con Alemania dos años antes. No sólo alcanzó los cuartos con holgura, sino que goleó (3-0) a los teutones y sólo la noche mágica de Thuram le frenó rumbo a la final. Había sido su Mundial.

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